Sancho de Ávila
- 2900 m2
- Barcelona
- 2025
CONCURSO PÚBLICO PARA INCASÒL. 3e CLASIFICADO
Sancho de Ávila es una propuesta de edificio de vivienda plurifamiliar en el barrio del Poblenou de Barcelona, en una parcela poco mayor de 400m2, de forma trapezoidal, que responde a varias tramas urbanas superpuestas, y en la que se debían encajar no sólo viviendas, sino locales, oficinas y una serie de servicios comunes que hicieran del lugar un hito relevante en el barrio.
Con acceso por C/ Sancho de Ávila, cuenta con un acceso secundario -más tranquilo y mejor soleado- por el patio de manzana; un lugar heredado de una antigua fábrica de galletas y abierto a la ciudad gracias a múltiples conexiones con otras parcela de la manzana.
Consideramos que forzar y naturalizar una nueva conexión con el patio de manzana era necesario, pues además de dar sentido a la geometría del terreno y recuperar la trama del Poblenou, establecería nuevas relaciones entre vecinos, usuarios y el propio edificio.
Por estos condicionantes se dedicaron grandes esfuerzos al diseño de los espacios comunes: abiertos, luminosos, conectados y a su vez íntimos e identitarios.
El programa de vivienda se desarrolla a partir de la planta segunda, pues el bajo y la primera se reservan a la actividad comercial, más vinculadas a la ciudad. Sin embargo, una gran terraza, de acceso privativo para los vecinos, cede sus metros edificables para el ocio y disfrute de la comunidad; y aporta luz, vegetación y salud a sus habitantes.
Cada una de las viviendas cuenta con una gran terraza exterior, y un espacio de filtro ubicado entre el acceso y el interior, reservando la privacidad propia de cada unidad, y a su vez garantizando la ventilación cruzada de todas ellas.
Pese a la compleja geometría del lugar, una retícula estructural conformada con elementos prefabricados compone la distribución interior de las viviendas y dibuja un sistema constructivo sencillo y rápidamente ejecutable.
La totalidad del edificio se concibe con elementos realizados en taller y ensamblados en obra, como las piezas de hormigón reservadas para estructura y fachadas; y aquellas metálicas para carpinterías y cerrajerías. Éstas últimas adoptan el característico color anaranjado propio del ladrillo y las construcciones tradicionales del Poblenou, estableciendo de este modo un nuevo vínculo con la memoria del lugar.
Realizado junto a Manuel F. Catalina










